POR FAVOR, NO A LA
INDIFERENCIA
La indiferencia
avanza en el corazón de la mayoría. Refiero la indiferencia ante los problemas
sociales y políticos. La no mirada a lo que acontece, el no me importa en
situaciones críticas que impactan en el colectivo social. Ella se convierte en
una capa protectora, una especie de justificación. Por el cúmulo de problemas,
de dificultades personales y sociales. El grito de no mirar hacia allá, en la
cara oscura de un sistema social que nos abate, enajena y se ríe de nosotros.
Convertir la
indiferencia en un arma de escape representa una huida, el medio social
calificado como amenaza agita las cuerdas, la estimula y la surte de esperanza.
Tanta es la insistencia que se convierte en una rutina de reacción ante las
dificultades. Se sabe hacia dónde se refugia el sujeto: al escape de las
bebidas alcohólicas, de las drogas alucinógenas, de lo ilícito en las
relaciones interpersonales, la rutinización de las redes sociales.
Algunos líderes
y pensadores destacados se han referido a la indiferencia. Martin Luther King
Jr expresaba que “lo preocupante no es la perversidad de los malvados, sino la
indiferencia de los buenos”, y lo dijo en un contexto difícil para la sociedad
norteamericana, mientras los negros eran vejados por los blancos y el conjunto
de normas racistas. El enemigo principal de un proceso de lucha lo constituyen
los indiferentes, porque en el fondo el efecto de su no participación beneficia
a los responsables de los males.
El cantautor
estadounidense Bob Dylan, laureado Nobel de Literatura del 2017, escribió la
canción “Blowing in the wind” (Flotando en el viento), que se ha convertido en
una canción por la esperanza, pero al mismo tiempo en un himno contra los
indiferentes. A continuación, reproduzco dos estrofas de esa bella inspiración:
Cuántos años puede existir una montaña,
antes de que sea lavada (arrasada) por el mar.
Cuántos años pueden vivir algunos,
antes de que se les permita ser libres.
Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza,
y fingir que simplemente no lo ha visto.
antes de que sea lavada (arrasada) por el mar.
Cuántos años pueden vivir algunos,
antes de que se les permita ser libres.
Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza,
y fingir que simplemente no lo ha visto.
Coro: “La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento”
Cuántas veces debe un hombre levantar la vista,
antes de poder ver el cielo.
Cuántas orejas debe tener un hombre,
antes de poder oír a la gente llorar.
Cuántas muertes serán necesarias,
antes de que él se dé cuenta,
de que ha muerto demasiada gente.
antes de poder ver el cielo.
Cuántas orejas debe tener un hombre,
antes de poder oír a la gente llorar.
Cuántas muertes serán necesarias,
antes de que él se dé cuenta,
de que ha muerto demasiada gente.
El coro responde: “La respuesta, amigo mío, está flotando en
el viento”.
“La respuesta está flotando en el viento”
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